Blog - Institut IGEM

Artículos

Las ciudades occidentales: un entorno hostil para nuestra microbiota

Después de conocer en el anterior artículo a nuestro niño de Icaria, que disfrutaba de una buena salud gracias a las costumbres y estilo de vida de la isla donde vivía, en el artículo de hoy viajamos hasta una ciudad de un país desarrollado para conocer la vida y la salud de una niña de una ciudad como podría ser la nuestra.

En un hospital de una gran ciudad, llega al mundo una niña gracias a una cesárea elegida y se alimenta exclusivamente de leche de farmacia en lugar de lactancia materna. Durante su infancia padece múltiples infecciones (desde infecciones de oído crónicas hasta sinusitis e infecciones de garganta), para las cuales le recetan antibióticos de forma recurrente. Aunque tiene acceso a la mejor alimentación del mundo, su dieta está plagada de alimentos procesados, colorantes, conservantes y antioxidantes, azúcares refinados y dañinas grasas de origen vegetal manipuladas. Al cumplir los seis años ya padece sobrepeso y se le diagnostica prediabetes. Crece siendo una hábil usuaria de todo tipo de aparatos electrónicos y pasa la mayor parte de su juventud en una escuela muy estricta. Para entonces ya toma ansiolíticos, sufre trastornos conductuales y tiene muchas dificultades para mantener buenas calificaciones por su incapacidad para concentrarse. Al llegar a la edad adulta tendrá muchas probabilidades de desarrollar trastornos de ansiedad y del estado de ánimo, migrañas y enfermedades autoinmunes como esclerosis múltiple. Y cuando envejezca podría padecer Parkinson o Alzheimer. En Estados Unidos las responsables de las mayores cifras de mortalidad son enfermedades crónicas, como demencia, la cual rara vez se observa en aquella isla griega, Icaria, de la que hablamos en el pasado artículo.

Durante los últimos años las nuevas investigaciones nos han permitido entender mejor la relación entre aquello a lo que estamos expuestos desde la primera infancia y nuestra salud a corto y largo plazo. Los científicos han estado buscando los vínculos entre el estado del microbioma humano y el destino de la salud individual. La respuesta a la pregunta radica en la diferencia entre las experiencias infantiles de ambos niños, y parte de esa experiencia, en términos generales, tiene que ver con el desarrollo de sus propios microbios que habitan en sus cuerpos desde que nacieron y que desempeñarán un rol determinante en su salud a lo largo de su vida.

Las diferencias entre la salud de estos dos niños nos lleva a comparar el estilo de vida de estas dos comunidades. Icaria está a 50 kilómetros de la costa oeste de Turquía y se la conoce como “Zona Azul”, lugar donde la gente lleva una vida considerablemente más larga y saludable que la mayoría de quienes habitamos en el mundo occidental desarrollado. Beben vino y café de forma cotidiana, se mantienen activos después de los 80 años y tienen agilidad mental hasta el final de su vida.

Un respetable estudio descubrió que los hombres de Icaria tienen cuatro veces más probabilidades que los estadounidenses de llegar a los 90 años en mejor estado de salud. También descubrió que viven una década más sin desarrollar cardiopatías o cánceres, y que difícilmente llegan a sufrir de depresión. Los índices de demencia entre los icarianos de más de 85 años son mínimos en comparación con los de los estadounidenses del mismo grupo de edad.

En los dos últimos artículos, está ilustrado el papel decisivo de nuestras “bacterias amigas” en nuestros problemas de salud. Vivamos donde vivamos podemos apostar por llevar una vida favorable a nuestra microbiota y gozar así de bienestar evitando enfermedades tan comunes hoy en día como el cáncer o las enfermedades degenerativas.

1 D.B.Panagiotakos et al., “Sociodemographic and Livestyle Statistics of Oldest Old People (>80 Years) Livinf in Ikaria Island: The Ikaria Study”, Cardiol. Res. Pract. 2011 (24 febrero de 2011) : ID 679187, 7 pp.
Suscripción al blog

Las ciudades occidentales: un entorno hostil para nuestra microbiota | Contenidos relacionados