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Entrevistas

Daniel Lamiel

Autor

Institut IGEM

Daniel Lamiel empezó a interesarse por la medicina natural hace 24 años cuando empezó a practicar las artes marciales: Taekwondo y Hapkido. En esos momentos se dedicaba al mantenimiento industrial.

Lo que más le atrajo fueron las terapias manuales, ya que en los grados avanzados de algunas artes marciales se enseñan temas relacionados con la salud natural como el masaje y la fitoterapia. Esta parte de la disciplina se pierde en cuando estas artes marciales llegan a Occidente y por allí, Daniel empezó a descubrir su pasión y posteriormente su profesión.

Cuéntanos brevemente quién eres y a qué te dedicas

Es una pregunta muy sencilla y tal vez sea la más difícil de responder para mí, ya que me considero una persona introvertida. Me llamo Daniel Lamiel y llevo dedicándome a las terapias naturales desde 1998. Nací y vivo en Gavà donde tengo consulta privada desde entonces. Y en mi tiempo libre me gusta leer, cocinar y practicar deporte.

¿Como es un día habitual en tu vida?

Pues la verdad, mi día a día es bastante rutinario. Compagino la consulta privada y las clases en diferentes centros, además de preparar el material docente. Y no puede faltar a la práctica de Taekwondo y Hapkido, a las que (siempre que el trabajo me lo permita), les dedico más de 5 horas semanales, ya que me han ayudado durante estos años y guiado hasta encontrar mi profesión. Esta actividad física la compagino con salidas a correr por mi cuenta.

¿En qué momento de tu vida empezaste a interesarte por las terapias naturales?

Pues fue un poco por casualidad, como comentaba antes, practico artes marciales desde hace 24 años. A raíz de esta práctica empecé a interesarme por las terapias manuales, hice un curso de quiromasajista y desde entonces no he parado de formarme en este área. Un curso me llevaba a otro y así hasta acabar estudiando naturopatía y acupuntura.

¿Cómo decidiste y empezaste a dedicarte a ellas?

Tras estudiar quiromasaje, me compré una camilla y empecé a practicar. En ese momento no era mi principal dedicación, soy de una generación en que la gran mayoría nos hemos dedicado a las terapias naturales cuando hemos sido más mayores. Cuando estaba terminando los estudios de naturopatía y acupuntura ya tenía algunos pacientes fijos, por lo que decidí hacerme autónomo y empezar a combinar mi trabajo inicial con las terapias.

Cuando estaba haciendo las prácticas en la escuela donde me formé, me dijeron que querían abrir un grupo nuevo de prácticas y pensaron que podía llevarlo yo, con lo que empecé a tener más trabajo como terapeuta, me fueron dando más pacientes hasta que me fue difícil compaginar los dos trabajos y opté por dedicarme a tiempo completo a la actividad de terapeuta. Y desde entonces me dedico a impartir clases de diferentes materias de medicina natural (bioquímica, estímulos naturales, fitoterapia, iridología, homeostasis y manopuntura coreana) y a pasar consulta tanto de naturopatía, como de acupuntura o terapia manual.

¿Qué crees que aporta la fitoterapia a los futuros naturópatas?  

Bajo mi punto de vista, la fitoterapia es uno de los puntales de la naturopatía, tanto el hombre como los animales, desde los primeros tiempos de la humanidad han usado diferentes plantas para restablecer su salud. Es una herramienta muy eficaz y considero que un naturópata tiene que conocer esta materia ya que es un arsenal terapéutico puntal en el trabajo de terapeuta.

¿Qué es lo que más te gusta de impartir clases?

Una de las cosas que más me gusta de dar clases es el contacto con los alumnos. Cuando eres alumno crees que el profesor sólo está allí para enseñarte y que el único que aprende eres tu, el alumno. Pero esto no es cierto, siendo profesor se aprende mucho de los alumnos, resultan muy enriquecedoras tanto las aportaciones que ellos hacen en clase como su visión de las cosas.

 

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